COSA PÚBLICA | 05 de noviembre de 2016

El paradigma del multiple choice

Como en la mítica película The Wall (Pink Floyd; 1979), la educación olvida su objetivo de aportar a la construcción de una sociedad libre. Teacher, leave that kid alone. Por Tomás Buch.

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ESCRITO POR

Tomás Buch

El problema de la educación siempre ha sido uno de los más arduos, dentro del ámbito de una sociedad libre -como lo pretende ser un sociedad democrática, en la que cada miembro aprende a pensar por sí mismo-. Tal vez sea cada vez más imposible, en una sociedad reglamentada no por la libertad de pensamiento, sino por un conformismo, el consumismo, la necesidad de huir hacia adelante para evitar el colapso del sistema entero.

Al principio, la educación era “cosa 'e curas”. En cada familia “noble” debía haber alguien que supiera leer y escribir. Las cuentas, eran menos importantes, aunque éstas habían surgido para contabilizar el grano antes de honrar a los emperadores. En todos los casos, la mente infantil era una vasija vacía, que los maestros debían llenar de conocimientos útiles para las profesiones a que lo niños estaban destinados. Sólo los nobles podían estudiar inutilidades como la filosofía o la astrología –creada por dios.

Pero, poco a poco, las humanidades -filosofía o lenguas extranjeras- se fueron generalizando, mientras renacía la Educación Clásica de sus multiseculares cenizas. Al mismo tiempo, el problema se fue complejizando. La mente infantil dejó de ser un cuenco vacío, y comenzó a ser uno lleno prejuicios, de ideas heredadas, de un vacío imaginario, de influencias externas -de ideas heterónomas que debían extirparse. Luego, la reducción se dividió en dos, una superficial e inútil y la otra útil para el destino profesional predicho por un sistema de trabajo cada vez más exigente. Se hizo necesaria la idea de una Escuela Técnica. Y, a la vez, se la borró de los planes de estudio. En la Argentina, el punto máximo de este paradigma fue durante el menemismo. Como todo se importaba, no era necesaria su comprensión.

A la vez, comenzó a adquirir importancia creciente la publicidad, suficiente para mostrar con cada vez más crudeza la sociedad a la que se aspiraba -y a la que se vuelve aspirar en la actualidad: Una sociedad agroexportadora y minera, pero con diez veces más habitantes y un suelo empobrecido y envenenado. En una sociedad así, la educación pública es un gasto inútil, como lo son todos los demás servicios públicos.

En un medio así, se quiere, ahora, evaluar la calidad de la educación. Por un método “multiple choice”, que permite fácilmente aprobar la prueba por casualidad. Pero facilita la evaluación, sin pensar un momento y dejar que una PC decida si la respuesta era correcta o falsa. Y sobre todo, sin que el mismo docente entienda nada del tema en cuestión. ¿Que los alumnos entiendan algo de computación? Útil. Pero no imprescindible: podrían aprender algo de lógica, y descubrir algunos de nuestros trucos. Mejor que sólo los rudimentos, para que puedan hacer su monótono trabajo de computación con mayor velocidad y menos errores. We don´t need no thought control. La publicidad y los demás programas de TV nos proveen de eso. No hay más amistad sino a través de las rede sociales. No hay más interacción social si no es través de la media hora de asesinatos que nos muestran. No hay más diversión que a través del fútbol. No hay más relaciones internacionales sino a través de bombardeos de civiles inocentes por bombas teleguiadas por un operario que maneja un joystick. No hay más modelos sociales que a través de esporádicas sacudidas de largos y lisos cabellos regados con “acido hialurónico que es 97,8 veces más poderoso que otros productos”. Ideal de vida: la de la clase media alta. Los pobres son un aditamento pintoresco. En el mundo real, no existen, salvo como aditamento pintorescoc. We don´t ot need no educaction , we don´ t need no thought control? Qué colocaríamos en nuestras huecas cabezas en su lugar. ¿Ideas? Dios nos libre.

Por Tomás Buch

Doctor en Fisicoquímica

Revista CIC :: Periodismo con intervención del cronista

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